El 27 de junio de 2025, la Comisión Europea anunció la organización de un taller por parte de su AI Office, con el objetivo de convencer a proveedores de modelos de IA general (GPAI) —como ChatGPT o Gemini— de que suscriban el Código de Buenas Prácticas antes de la entrada en vigor, el 2 de agosto de 2025, de las primeras obligaciones del AI Act . Este taller busca presentar la versión final del Código, destacar los beneficios de la firma —como mayor seguridad jurídica y reducción de cargas administrativas— y alentar la colaboración de los principales actores del sector .
El Código, redactado por 13 expertos independientes con contribuciones de más de 1.000 partes interesadas, ofrece una guía voluntaria pero estratégica. Incluye compromisos en tres ejes —transparencia, derechos de autor, seguridad y protección— y sirve como instrumento interpretativo anticipado del AI Act . La firma del Código hará presumir un cumplimiento más sólido frente a inspecciones regulatorias, mientras que los no signatarios podrían enfrentar mayor escrutinio .
Sin embargo, el proceso no ha estado exento de tensiones. Grandes compañías tecnológicas, editoriales y autoridades estadounidenses han presionado por simplificar y posponer la implementación, alegando riesgo de cargas excesivas y conflictos con la normativa de copyright europea (). Al tiempo, grupos de defensa de los derechos digitales advierten que el carácter voluntario no debería substituir un régimen obligatorio y vinculante de cumplimiento, y exigen un control riguroso por parte de la AI Office .
La Comisión, por su parte, mantiene el calendario actual del AI Act y estudia la posibilidad de otorgar una especie de periodo de gracia a quienes firmen el Código, en vista de que se publicará pocos días antes de su entrada en vigor . Para lograrlo, funcionarios comunitarios y representantes de los Estados miembros evaluarán las adhesiones durante julio, previo a la formalización a través de un acto de ejecución.
Relevancia jurídico-académica y retos regulatorios
- Coherencia regulatoria: el taller y el Código reflejan la transición hacia una gobernanza más cooperativa y anticipativa, integrando estándares técnicos operativos previos a la actividad inspectora y sancionadora. Esto facilita que las empresas adopten políticas de compliance que cumplan tanto la letra como el espíritu del AI Act.
- Voluntariedad estratégica: aunque nimble, la adhesión voluntaria genera beneficios claros. Para el sector académico, ofrece un caso paradigmático sobre el equilibrio entre autorregulación y control estatal —tan discutido en el Derecho regulatorio contemporáneo.
- Desafíos futuros: el cruce entre derechos intelectuales, innovación y regulación robusta requiere una reflexión jurídica más profunda. Serán críticos la evaluación del impacto del Código en el acceso a contenidos protegidos, su integración con otras iniciativas europeas (como InvestAI) y la eficacia real del control garantizado por la AI Office.
El taller convocado por la CE representa una estrategia clave: antes de activar el AI Act, desea involucrar activamente al sector privado para impulsar un ecosistema de IA más seguro, transparente y responsable. Desde una perspectiva jurídica, esta aproximación híbrida —entre voluntariedad técnica y supervisión normativa— anticipa una forma innovadora de regulación inteligente, cuya eficacia dependerá de la respuesta de las grandes empresas tecnológicas y de la voluntad comunitaria de supervisar su materialización.


