Robots & Artificial Intelligence

La alfabetización en inteligencia artificial ya no es una opción: el nuevo estándar educativo que también interpela al Derecho

La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología reservada a perfiles técnicos. Hoy constituye una infraestructura cognitiva que condiciona la forma en que estudiamos, trabajamos, investigamos y tomamos decisiones. En consecuencia, la cuestión ya no es si debemos enseñar inteligencia artificial, sino qué significa realmente que una persona sea competente para utilizarla de forma crítica, responsable y jurídicamente adecuada.

En este contexto resulta especialmente interesante el AI Literacy Framework, una iniciativa internacional que propone un marco sistemático para desarrollar competencias en inteligencia artificial dentro del ámbito educativo. Aunque está concebido principalmente para educación primaria y secundaria, muchas de sus conclusiones trascienden ese ámbito y resultan extraordinariamente útiles para la universidad y, de forma muy particular, para las Facultades de Derecho.  

Mucho más que aprender a utilizar ChatGPT

Uno de los mayores errores actuales consiste en identificar la alfabetización en IA con la mera capacidad de redactar buenos prompts o manejar herramientas generativas.

Esa visión resulta profundamente insuficiente.

La auténtica alfabetización en inteligencia artificial implica comprender qué son estos sistemas, cuáles son sus limitaciones, cómo producen sus respuestas, qué riesgos generan y cuáles son las responsabilidades derivadas de su utilización.

En otras palabras, no se trata únicamente de saber usar la IA, sino de saber cuándo utilizarla, cuándo desconfiar de ella y cuándo resulta jurídicamente inaceptable apoyarse en sus resultados.

Precisamente esa es una de las ideas centrales del AI Literacy Framework: el aprendizaje debe combinar competencias técnicas con pensamiento crítico, razonamiento ético, evaluación de riesgos y comprensión del impacto social de la inteligencia artificial.  

La conexión con el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial

Desde una perspectiva jurídica, el interés del marco adquiere una dimensión adicional.

El Reglamento (UE) 2024/1689 sobre Inteligencia Artificial no se limita a regular sistemas de alto riesgo o imponer obligaciones técnicas a desarrolladores y proveedores.

Su filosofía regulatoria parte de una premisa mucho más amplia: la confianza en la inteligencia artificial depende, también, de que quienes la utilizan dispongan de una formación adecuada.

En consecuencia, la alfabetización en IA deja de ser únicamente una cuestión educativa para convertirse progresivamente en un elemento esencial de la gobernanza tecnológica y del cumplimiento normativo.

Las organizaciones deberán acreditar no sólo que utilizan sistemas conformes al AI Act, sino también que las personas que interactúan con ellos comprenden razonablemente sus capacidades, limitaciones y riesgos.  

¿Qué significa esto para las Facultades de Derecho?

Durante décadas las Facultades de Derecho han formado excelentes juristas en interpretación normativa, argumentación y razonamiento jurídico.

Sin embargo, el ejercicio profesional está cambiando con enorme rapidez.

Los abogados utilizan ya sistemas de IA para:

  • investigación jurídica;
  • revisión contractual;
  • due diligence;
  • elaboración de escritos;
  • análisis documental;
  • apoyo en estrategias procesales.

Pero esa utilización plantea riesgos muy relevantes.

Las conocidas “alucinaciones” de los grandes modelos de lenguaje han provocado ya la presentación de escritos judiciales con jurisprudencia inexistente, errores de interpretación normativa y citas completamente inventadas.

Por ello, el verdadero profesional no será quien más utilice la IA, sino quien mejor sea capaz de supervisarla.

La supervisión crítica constituye la nueva competencia profesional imprescindible.

Diversos programas universitarios internacionales comienzan precisamente a incorporar cursos específicos de AI Literacy para juristas, entendiendo que esta competencia pasa a formar parte del núcleo de la formación jurídica contemporánea.  

Cinco competencias que todo jurista debería desarrollar

Desde una perspectiva jurídica, una alfabetización sólida en inteligencia artificial debería incluir, al menos, cinco grandes bloques competenciales:

1. Comprensión tecnológica básica

No es necesario programar modelos, pero sí comprender cómo funcionan los sistemas generativos, cuáles son sus fuentes de error y por qué pueden producir respuestas incorrectas con enorme apariencia de veracidad.

2. Evaluación crítica

Aceptar automáticamente una respuesta generada por IA resulta incompatible con el deber profesional de diligencia.

Todo resultado debe verificarse, contrastarse y contextualizarse jurídicamente.

3. Gobernanza y cumplimiento

El conocimiento del AI Act, del RGPD, de la propiedad intelectual, de la responsabilidad civil y de las obligaciones de transparencia será cada vez más importante para cualquier profesional del Derecho.

4. Ética profesional

La utilización de IA afecta al secreto profesional, la confidencialidad, la independencia del abogado, la protección de datos y la calidad del asesoramiento jurídico.

La tecnología no elimina estas obligaciones; las intensifica.

5. Juicio humano

La inteligencia artificial puede asistir el razonamiento.

Nunca debe sustituirlo.

La responsabilidad jurídica continúa siendo exclusivamente humana.

La alfabetización en IA como competencia transversal

Uno de los aspectos más interesantes del AI Literacy Framework consiste en que no concibe la inteligencia artificial como una asignatura independiente.

La entiende como una competencia transversal que debe integrarse progresivamente en todas las disciplinas.

Este enfoque coincide con las tendencias más recientes en educación superior.

No basta con impartir un curso aislado sobre IA.

Es necesario incorporar estas competencias dentro de asignaturas tradicionales, adaptando metodologías docentes, evaluación y aprendizaje práctico para que el estudiante aprenda a trabajar con IA sin renunciar al pensamiento crítico ni al rigor científico.  

En suma, la alfabetización en inteligencia artificial representa uno de los mayores desafíos educativos de nuestra generación.

No consiste en aprender a utilizar una nueva herramienta informática, sino en desarrollar una nueva forma de ejercer el pensamiento crítico en un entorno donde la producción automatizada de conocimiento será cada vez más frecuente.

Para los juristas, esta transformación reviste una importancia singular.

El Derecho seguirá descansando sobre principios como la motivación, la prueba, la argumentación y la responsabilidad. Ninguno de ellos puede delegarse en un modelo algorítmico.

La inteligencia artificial será una extraordinaria herramienta para el ejercicio profesional, pero únicamente si quienes la utilizan poseen la competencia suficiente para comprender sus límites.

En definitiva, la verdadera alfabetización en IA no consiste en confiar en la inteligencia artificial, sino en aprender a ejercer mejor el juicio humano cuando trabajamos con ella. Ese será, probablemente, uno de los rasgos distintivos del jurista del siglo XXI.

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